La improvisación es la habilidad de contar historias que se crean y desarrollan en el instante mismo de actuarlas. Esta forma de teatro se presenta actualmente no como un adiestramiento de formación para los actores, sino como un producto terminado en el que los intérpretes y el público van desvelando la trama de la historia que cobra vida en el escenario.

La improvisación teatral, también conocida simplemente como Impro, es una depurada técnica para hacer de ella un espectáculo en sí mismo. El improvisador en escena es a un tiempo: Actor, director, escenógrafo y dramaturgo de su propia historia.

Como propuesta de espectáculo a pasado a ser uno de los tipos de show mas elegidos por el público en la cartelera porteña. El problema es que la mayoría de los elencos que lo realizan lo hacen con calidad, pero logran llevarlo a un plano de “show cómico barato” muy lejos de reflejar lo que realmente es la Impro: un despliegue de talento y técnica.

Para Pablo Angeli “La Impro es un arte, una disciplina de creación y composición, pero especialmente un juego que desafía capacidades humanas, intelectuales y que deja al desnudo nuestra esencia primera; un regreso al juego de la niñez donde no había trabas, existenciales, ni prejuicios y donde todo el tiempo creabas un mundo propio”. Angeli en su obra desarrolla al extremo su capacidad de adaptación, de escucha, de aceptación, incentiva su imaginación y sus habilidades narrativas y le pone en total alerta disposición al trabajo en equipo junto al público y hace de los “errores” sus aliados para seguir creando.

Pablo Angeli en La Hiena

Una complicidad placentera hace que el público se traslade y sienta la inquietud de proponer temas que abarcan todos los géneros, desde drama, terror, humor, música. Sólo una frase hace que Pablo Angeli se transforme en una mente voraz para realizar en un lapso de una hora diferentes actuaciones, personajes con historias completamente originales y la misma vez bizarras.

En el momento de la actuación siente el cerebro desdoblado en varias ramas del teatro, entrego cien por ciento mi alma, aclara el gran improvisador. Como todo buen actor Pablo Angeli se educó en la rama del arte, “la Impro lleva estudio y técnica, pero tienen que existir algo dentro de uno. Yo tenía la habilidad implícita pero me formé, me perfeccioné.

Es un largo e inagotable camino de aprendizaje, experiencia y madurez, asegura el artista. Quizás la diferencia entre un buen improvisador y un muy buen improvisador consista en la capacidad de este último de crear historias interesantes y bien construidas.

En ese momento, la improvisación, además de ser un teatro original, vivo y vertiginoso, aumenta en interés para el espectador, al aumentar la conexión de lo que está pasando en escena con sus emociones y con su intelecto. Para llegar a este punto, el improvisador ha de centrar su atención y su tarea en otro de las destrezas claves de la técnica de Improvisación Teatral: la toma de decisiones en escena. Una tarea que Pablo Angeli cumple al pie de la letra.

El improvisador debe trabajar la espontaneidad, que significa aprender a no censurar las primeras respuestas de la mente ante los estímulos que el improvisador recibe, aprender a decir “sí” a los impulsos de la imaginación. Se trata de un proceso por el cual el improvisador va gozando cada vez de más libertad, abriendo así el camino de la sorpresa: sorprenderse a uno mismo, sorprender al público.

Impro

Eso es lo que logra Pablo Angeli en su espectáculo, una sorpresa segundo tras segundo. Deja con ganas al espectador de querer seguir interactuando, de querer seguir tirando títulos cada vez más difíciles de actuar, como si le estuviera tomando examen al actor para ver hasta dónde puede llegar, cuál será su límite. Pero Angeli desafía con inteligencia cada paso que da: “Nunca termina, siempre descubrís que se puede llegar a mas”.

Estamos hablando de arte. No existen fórmulas. Existe experiencia, práctica, análisis, reflexión, técnica, ejercicios, espontaneidad, entregar el alma. Es decir: un arte para pocos.

Los orígenes de la improvisación teatral se remontan al periodo entre 1.500 y 1.700, cuando los artistas de la Commedia dell' arte improvisaban en las calles de Italia. No obstante está generalmente aceptado que la improvisación teatral moderna proviene de los juegos teatrales de Viola Spolin en los años 1940 y de Keith Johnstone en los años 1950.

Estos juegos de audición rápidamente avanzaron hacia una forma de arte independiente, por el que había público dispuesto a pagar. A su vez, Viola Spolin puede ser considerada la abuela de improvisación americana. Con su éxito nació el movimiento de improvisación moderno de Chicago.

Muchas de las “reglas” de la improvisación actual fueron formalizadas en Chicago entre los años 1950 y 1960 por la compañía “The Compass Players”. En España la improvisación llegó por parte de L’Om – Imprebís, que es una compañía valenciana nacida en el año 1983. Ellos han paseado sus espectáculos de improvisación por toda España y a cualquiera le suenan títulos como “Imprebís”, “Monty Phyton” o "MusiCall".

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